Quizás sea la vinculación con los otros una de las tareas que más ocupan y preocupan al ser humano. La rápida transición del amor al odio, que en ocasiones experimentamos en los vínculos, desorientan al que la siente y al que la recibe: enfados, envidia, celos, odio, desaires, decepción, indiferencia... Pero también pasión, amor, anhelo, cariño, deseo, complicidad y afecto. Del amor al odio hay sólo un paso, dice el saber popular.
Pareja, familia, amistades, relaciones laborales..., son vínculos expuestos a la ambivalencia afectiva. ¿Cómo explica el psicoanálisis este fenómeno? ¿Es inevitable?