Los celos y la envidia suelen ser confundidos tanto por quienes los padecen de manera más o menos consciente como por aquellas personas que no tienen noticia de sus procesos internos. Aun cuando se trata de dos afectos cuyo vivenciar genera profunda desazón y malestar, su origen es bien distinto, ya que suponen la reacción ante situaciones que conectan con una manera infantil de procesar las emociones.
Lo que resulta innegable —pese a que hay quien lo intenta— es que tanto la envidia como los celos están presente en la vida anímica de todos los seres humanos.