El Ensanche de Cerdà (Beta)


Motivación de este trabajo

Una introducción muy personal

Este trabajo es fruto del encuentro de dos pasiones: la pasión de la curiosidad y la pasión de caminar.

Caminar es para mí una costumbre desde que, a los doce años, concebí el deseo de comprarme una cámara reflex. En aquel momento eran muy caras, y yo sólo disponía de una semanada, bastante exigua, que me proporcionaban mis padres. Decidí ir al colegio a pie, para ahorrarme el importe del transporte público: como mi familia vivía cerca de la Plaza Lesseps, y mi colegio se encontraba al principio de la Avenida Vallvidrera, se trataba de una buena caminata,[1] cada día de ida y vuelta.

Al cabo de muchos meses[2] pude comprarme la reflex (una maravillosa Canon FTb, que todavía conservo, aunque ya no la use), pero nunca más dejé de caminar.

Por otra parte, unas tías de mi madre muy, muy, viejas, que convivían con nosotros, recordaban a veces su pasado: «Antes, ¿sabes?, la calle París se llamaba Industria, eran las dos lo mismo»; «¿Te acuerdas, Montserrat, de cuando Londres y Pare Claret eran Coello?». Yo las escuchaba con curiosidad y atención, y después iba a consultar la Guía urbana de Barcelona, una especie de plano de la ciudad segmentado en muchísimas páginas pequeñitas, pero con indicaciones de contigüidad, que permitían imaginarlas como un solo plano gigantesco (no existía la Internet, en esa época). ¡Las tietes tenían razón! Si uno continuaba la línea trazada por la calle París, se llegaba exactamente a Industria! ¡Y lo mismo sucedía con Londres y Pare Claret!

Figura 1. Vicenç Martorell i Portas. Barcelona. Año 1929. Plano parcelario (1929). Puede observarse cómo París se continúa con Industria, después de la interrupción producida por Gràcia, y lo mismo para Londres y Pare Claret [AHCB 19837, fragmento; clic para ampliar].

¿Por qué pasaba eso? Tenía que tener alguna razón de ser, no podía tratarse de una pura y simple casualidad. Y ¿por qué no lo sabía todo el mundo, sino sólo esas viejitas que teníamos en casa? Y, consultando más la guía, ¿cómo podía ser que existiesen cosas tan tremendas, en mi propia ciudad, como la serie increíble de la calle de la Encarnación, el pasaje de la Encarnación, el paso de la Encarnación y el pasillo de la Encarnación, todos juntos ahí mezclados tan a la vista y tan cerca de Alfonso X el Sabio, y la gente sin saberlo, y mientras tanto a mis padres, y a esa misma gente, a casi casi todos los mayores en general, sólo les preocupaban las cosas más banales, como el precio del petróleo, o si iban a gobernar o no los socialistas? El callejero de Barcelona, por poner sólo un ejemplo, era mucho más rico y estimulante, más misterioso e interesante, que esa estereotipia estática y aburrida, plana y mediocre, que ellos insistían en llamar realidad. Había más vida en la historia que podía intuirse de las calles de mi ciudad que en la mecánica rutina de los adultos, muerta, aburrida, tonta: cosas de muertos en vida, de gente muerta.

Figura 2. Ajuntament de Barcelona. Barcelona (1952). Fragmento donde pueden apreciarse la calle, el pasaje, el paso y el pasillo de la Encarnación [CEC-ICGC RC814, fragmento; clic para ampliar].

Era, pues, cuestión, para mí, de vida o muerte. Así lo vivía yo, y así, más de cuarenta años más tarde, lo sigo viviendo ahora. Lo esencial era, y sigue siendo, no perder la curiosidad: en cuanto se la pierde, está ya uno muerto. Esa es la otra pasión. No la segunda, la primera. Es lo primero que se tiene, la curiosidad: caminar, se camina después. La curiosidad sexual infantil también, por qué no, como diría Freud, el deseo, infinito y omnívoro, de saber, de conocer, de comprender. La aspiración a conocerlo todo, aunque uno sepa bien que eso no se puede. Lo que mueve toda investigación, lo que hace que un problema matemático pueda ser tan fascinante, el enigma irresoluble del deseo del otro; el no querer terminar una novela para no perder ese interés delicioso en saber cómo termina, pero no querer saberlo; la terra incognita que, si ya no existe, bien puede todavía imaginarse; los rincones de una plaza o de una calle que todavía permiten soñar, que todavía no han sido devastados por la estandarización del mobiliario urbano; las paredes desconchadas o manchadas de moho, antes de la esterilización de la pintura perfecta, plana y blanca, de la higiene y la geometría, esterilización del pensamiento y de la sensibilidad, nada ya que ver, circulen, nada sucio, no se detengan, nada de lo que contagiarse, nada, nada, muerto, nada. Ningún riesgo ya: nada que imaginar, nada de vida. Come y calla, trabaja y calla. Muere y calla.

De vida o muerte. Estar vivo, o estar muerto. Investigar, o ser un normópata: vivo, o muerto. Tener todavía curiosidad: un acto de resistencia ante la muerte, pulsión de vida, sí, resistencia a la desvinculación, pero también pulsión de muerte, morir cada uno a su manera, aprender, por qué no, a morir con cierto estilo, con el propio.

Una investigación, entonces, es, también: una estrategia de resistencia.

El problema de las fuentes

Al investigar las calles de mi ciudad, no sólo las recorrí a pie, todas las que pude, varias veces, de ida y de vuelta, por una acera y por la otra hay que recorrerlas, porque sino siempre se nos escapan cosas, y aun hay que ir a varias horas del día, si puede ser hay que ir de día y volver de noche, o al revés, pero ir las dos veces, no se ve lo mismo en una calle cuando todo el mundo está durmiendo y está todo tranquilo y se puede caminar, qué maravilla, por el centro de la calle, que cuando está todo lleno de niños que van al colegio y de coches y perros y cacas y dueños que recogen las cacas y fruteros y psicópatas en patinete y japoneses con mascarilla aunque no haya ninguna pandemia.

No sólo las recorrí, como iba diciendo, sino que me quedé pensando en lo que había visto y me quedé también hablando con mis compañeros de todo lo que habíamos vivido juntos, o contándoles lo que me había sucedido cuando paseaba solo o con otro que no era mi interlocutor, y entonces me fueron entrando ganas de documentarme, de leer, de saber más, mucho más, de darle nombres a las cosas que había ido viendo, de conocer su historia, de comprobar si lo que yo había intuido, esos encuentros de fuerzas en la ciudad, congeladas en las calles, el impacto brutal del Ensanche chocando contra el Camp de l'Arpa, y la calle de Freser que resiste y aguanta y protege como puede al viejo barrio; o el Paseo Maragall, conteniendo el Guinardó para que no se precipite y se derrame sobre la parte más alta del Ensanche, que está nada menos que en la Plaza Maragall, no donde la gente cree, que somos todos unos clasistas; o el gigantesco iceberg del viejo pueblo de Gràcia, descendiendo, lento y majestuoso, hacia la Ciudad Vieja y encontrando su límite inferior y su punto de equilibrio en Còrsega, después de partir limpiamente en dos a París-Industria, Londres-Pare Claret y Buenos Aires-Juan de Garay, la parte alta de la cuadrícula de Cerdà; quería saber si esas cosas que yo había visto, las habían visto otros. Me entraron ganas de saber eso, de averiguarlo, de ponerme a investigar, en suma.

A diferencia de cuando era un adolescente, la investigación se hacía, ahora, aparentemente, muy sencilla: a fin de cuentas, casi todo está en internet, ¿verdad?

Pues parece que sí. Los organismos oficiales ponen a disposición del ciudadano una cantidad impresionante de información. Sólo hay que ejercitarse en las interfaces de las distintas webs, pero se puede acceder a una información riquísima. El Arxiu Municipal de Barcelona, que contiene material infinito; la web del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, con su maravillosa colección de mapas y planos; el Repositori Obert de Coneixement de l'Ajuntament de Barcelona (BCNROC); la Gaseta Municipal de Barcelona; la web del Plano de Barcelona, PlanolBCN; la completísima web del Portal d'Informació Urbanística BCN; el Butlletí Oficial de la Província de Barcelona (BOPB); el Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC); el Boletín Oficial del Estado y su subweb con la Gaceta de Madrid; el Nomenclátor online de la ciudad de Barcelona, o la versión online de la publicación del de 1934, aparecida como suplemento de un número de la Gaceta de Barcelona; etc.

Después están los blogs. Muchos son excelentes. Pensamos por ejemplo en el interesantísimo Pla de Barcelona, escrito en general por Pere Cowley, pero que incluye también unos artículos maravillosos de otro autor sobre los nombres del Ensanche barcelonés (2, 3, 4, 5), que tanto nos han servido de inspiración; en Bereshit: la reconstrucció de Barcelona i altres mons, uno de los blogs de Enric H. March, autor también de varios libros fantásticos sobre la historia de Barcelona; y en tantos otros y tan numerosos, que sería imposible listarlos aquí a todos.

Finalmente, está el material que no se encuentra en Internet: planos, mapas, documentos, libros... Como las diferentes versiones del Nomenclàtor de Barcelona [1980 (1), 1996 (11), 2010 (10)], que complementan al disponible online o a la versión en pdf de la de 1934; la monumental y lujosa edición de las obras de Cerdà (7), de 1991, a cargo del Ministerio de las Administraciones Públicas y el Ayuntamiento de Barcelona, que incluye tesoros como los diarios de Cerdà, además de mucha información de difícil acceso bien clasificada y ordenada; pequeños tesoros como Barcelona. Libro de los pasajes (6), de Jorge Carrión, un autor al que le sobra el talento, de modo que se le sale por todas partes; el muy citado y bellísimo Carrers de Barcelona. Com han evolucionat els seus noms (8), de Jaume Fabre y Josep M. Huertas, con fotos de Pepe Encinas y Pere Monés; ...

La investigación tendría, decíamos, que ser muy sencilla; quizás el único problema sería el de encontrar la orientación, entre esa sobreabundancia de información y de referencias. Eso pensaría uno, ¿verdad? Está todo ahí, en Internet, o casi todo. Tiene que ser fácil.

¿Verdad?

Pues no, no es fácil. Aquí viene la sorpresa. La mayoría de las fuentes interpretadas no son fiables, y las que son fiables no están interpretadas. El rigor brilla, en casi todas partes, por su ausencia. Las cosas se afirman, pero no se dan referencias; no se sabe con qué fundamento se han hecho las afirmaciones. Algunas de las fuentes empiezan a ser muy citadas, pero ellas mismas no tienen referencias; se inicia así una cadena de afirmaciones dudosas, que se repite una y otra vez, creyendo basarse en fuentes con autoridad. Las webs de los organismos oficiales, en general, son desde luego exactas, pero no explican lo que pasó (no es su cometido: la interpretación la tiene que hacer uno). Los blogs sí que explican lo que pasó, claro está que desde la perspectiva de sus autores, pero no son por lo general fiables, y además es dificilísimo averiguar cuándo son o no fiables, pues no manejan bien el sistema de referencias, si es que lo manejan en absoluto. Algunas fuentes oficiales, como la familia entera de las diferentes versiones del Nomenclátor, merecen mención aparte: siendo oficiales, no son ni siquiera fiables, aunque tampoco están interpretadas. A pesar de todo, son muy útiles: son lo mejor que tenemos. Pero se trata de información muy degradada.

Acabamos de hacer una serie de afirmaciones que a algunos les pueden parecer fuertes. No son de ningún modo opiniones, sino conclusiones de nuestro trabajo. Vamos a intentar aclararlas y sostenerlas mediante una serie de ejemplos y referencias.

  1. Consideremos el magnífico artículo titulado «Els noms de l’Eixample I – El gènesi» (2), aparecido en el blog El pla de Barcelona. Ya lo hemos dicho, pero lo reiteramos: se trata del primero de una serie de artículos que nos han servido de gran inspiración y estímulo, pues han hecho volar nuestra imaginación y estimulado nuestro deseo de saber. Están muy bien escritos y son muy informativos; además, contienen una serie de curiosidades (como la historia de la calle 51) que sería difícil encontrar en otro sitio. Una serie realmente preciosa de artículos.

    Lamentablemente, y a pesar de que son un tesoro de información, están también llenos de errores. Veamos algunos ejemplos.

    Per entendre'ns: els carrers de la part més baixa del barri de Sant Antoni, els que surten del Paral·lel cap a la Ronda de Sant Pau, continuaven 1200 metres més enllà, passat el passeig de Sant Joan, cap a Sant Martí.

    Falso. Entre la Ronda de Sant Pau y el Passeig de Lluís Companys hay exactamente dos kilómetros, 2000 metros, no 1200. Es fácil verlo: Sant Pau es la calle número 20 y San Joan (de la que Lluís Companys es un rebautizo reciente) la número 35, de modo que entre las dos hay exactamente 35-20 = 15 calles, pero 15 = 5×3, y tres calles, en el plan Cerdà, son exactamente 400 metros, de modo que la distancia es de 5×400 = 2000 metros, dos kilómetros. Si uno no quiere hacer esta gimnasia mental (no hay que ser perezosos, es bueno hacerla :)), puede ir a medir la distancia usando las interfacies del Portal d'Informació Urbanística: le dará también dos kilómetros.

  2. Continuemos con el mismo artículo.

    Per acabar d'adobar-ho, Cerdà va anomenar els carrers amb lletres i números. Els carrers de mar a muntanya serien numerats de l’onze al 60, i els que anaven del Llobregat al Besós serien denominats per lletres, de la F a la Z.

    Falso. Un somero examen del plano de 1959 (referencia que el autor maneja, puesto que incluye un fragmento del mismo plano en su artículo) permite ver con facilidad que las calles proyectadas por Cerdá van de 12 a 65 y de B a Z, no de 11 a 60 y de F a Z.[3] Como el autor no da referencias, no podemos saber en qué basa su afirmación.

  3. El problema de la cadena de confianza. Mismo artículo. El autor hace un análisis interesantísimo sobre los primeros nombres dados a las calles de Barcelona: Víctor Balaguer proporcionó al Ayuntamiento una lista; algunos de los nombres de Balaguer fueron aceptados y otros no, mientras que algunos de los nombres que escogió el Ayuntamiento no los había propuesto Balaguer. Entre los nombres que no se aceptaron, están «Atenes, Desclot, Barceló i Capmany»:

    Si que sabem, però, gràcies a l’interessantíssim llibre de Stephane Michonneau Barcelona: memoria i identitat, que quatre d’aquests noms van ser descartats: Atenes, Desclot, Barceló i Capmany.

    El libro de Michonneau, cuyo título completo es Barcelona: memòria i identitat. Monuments, commemoracions i mites (9), es, en efecto, interesantísimo. No lo conocíamos, es otro de los regalos que nos hace el autor. Lamentablemente, está agotado en castellano... pero no en francés. Puede adquirirse en papel, o en formato ebook, o consultarse online. Busquemos esa serie de calles. La encontramos en la nota 7 del capítulo 21. Sin atribución (y eso que el libro de Michonneau atribuye mucho más de lo que es habitual en este campo).

    No desfallezcamos: examinemos el ya citado Carrers de Barcelona. Com han evolucionat els seus noms (8), de Fabre, Huertas, Encinas y Monés. En la página 44, leemos:

    Fou una proposta majoritàriament assumida, amb algunes excepcions i retocs. Així, Atenes, Desclot, Barceló, i Capmany foren noms que no aconseguiren carrer a l'Eixample [...].

    ¿De dónde sacan eso los autores? Del mismo modo que Michonneau, tampoco lo dicen, de modo que no podemos saberlo. ¿Estará Michonneau citando los Carrers de Barcelona? Tampoco lo sabemos; no está en su bibliografía, pero podría ser: el libro de Michonneau es posterior. Si buscamos la serie «Atenes, Desclot, Barceló i Capmany» en Google, nos aparece el artículo de la Wikipedia sobre la odonimia de Barcelona, que cita como fuente... a Carrers de Barcelona, que afirma sin referir. La circularidad es perfecta, y el problema muy grave: el citado artículo de la Wikipedia cita a Carrers de Barcelona nada menos que sesenta y seis veces (!).[4] ¿Cuántas de esas citas están propagando información incorrecta? Es imposible saberlo. Se trata de una acumulación de malas praxis que instala un verosímil que todo el mundo repite. Pero, un momento; quizás, después de todo, Carrers de Barcelona sea una fuente fiable.

  4. Carrers de Barcelona no es una fuente fiable. No estamos diciendo que no sea una fuente interesante, ni meritoria, ni que no contenga información valiosa: es interesante, meritoria, y contiene información valiosa. Lo único que decimos —pero no es poco— es que no es una fuente fiable. Al menos, en el sentido de que afirma cosas, sin referencias que sostengan sus afirmaciones, y esas cosas, en algunos casos, son falsas. En la página 48, leemos:

    La retícula de l'Eixample que corresponia a Sant Martí no va ser batejada ja pel mateix historiador [Balaguer — acotación nuestra] sino que l'any 1886 el municipì martinenc va posar-hi noms pel seu compte [...].

    Esta afirmación es directamente falsa: el Ayuntamiento de Sant Martí da nombre a prácticamente todas las calles que le corresponden, es decir a aquellas cuya numeración de Cerdà está comprendida entre los números 41 y 65 (concretamente, a las de los rangos 41–48 y 52–64) el día 3 de junio de 1879, siete años antes de lo que afirman los autores. ¿En qué se basan para afirmar eso? No lo podemos saber, puesto que nada dicen. Su libro es fabuloso: las fotos son magníficas, y no toda la información, desde luego, es incorrecta. Pero alguna sí que lo es, como esta que estamos examinando y el problema es que, dada una información concreta, no tenemos modo de saber si es correcta o incorrecta. De este modo, la utilidad del libro se ve gravemente menguada, ya no se puede honestamente citarlo sin ir a comprobar primero la información que nos presenta (so pena de estar propagando información incorrecta), y esa comprobación se convierte en algo dificilísimo, ya que en ningún lado se explica de dónde se sacan las cosas.

  5. Habrá, entonces, que recurrir a las fuentes oficiales. Una de las fuentes oficiales más importantes es la de la serie de las distintas ediciones del Nomenclátor de la ciudad de Barcelona, especialmente la consultable online. Pero resulta que el propio Nomenclátor del Ayuntamiento tampoco es una fuente fiable. Lo explicamos en un artículo aparte; no nos repetiremos aquí. El lector que no esté familiarizado con nuestra crítica puede echar primero, si lo desea, un vistazo rápido a la lista de enmiendas que les hacemos a los Nomenclátores más recientes, sin olvidar que esa lista se refiere tan solo y exclusivamente a las calles de la cuadrícula del Plan Cerdà.

Nos hemos quedado, de alguna manera, solos. Casi nada nos sirve. Los blogs pueden ser fantásticos, hacernos soñar, excitar nuestra imaginación, etcétera, pero no podemos creer en todo lo que nos dicen; los libros impresos, incluso los más citados, incluyen información errónea, y es muy difícil saber si es o no erronea, porque no incluyen sus fuentes; finalmente, hasta la herramienta más oficial de todos, la proporcionada por el Ayuntamiento de Barcelona, está plagada de errores, imprecisiones e incoherencias.

Si queremos saber algo, entonces, que no dé lugar a dudas, tendremos que reconstruir nosotros mismos la información, esta vez sobre un sistema de citas probado, fiable, lo más completo posible.

* * *

Hasta aquí la exposición de nuestras motivaciones. Sugerimos al lector que siga ahora con la de nuestros objetivos.

Referencias

A nuestra cronología

Planos

Determinados planos que se encuentran en este artículo pueden no aparecer en la siguiente lista mientras terminamos de completar algunas migraciones.

(1) Ajuntament de Barcelona. Barcelona (1952) [CEC-ICGC RC814].
url: https://cartotecadigital.icgc.cat/digital/collection/fonscec/id/2/
(2) Vicenç Martorell i Portas. Barcelona. Año 1929. Plano parcelario (1929) [AHCB 19837].
url: https://catalegarxiumunicipal.bcn.cat/ms-opac/permalink/1@645387

Bibliografía

(1)Ajuntament de Barcelona. Nomenclàtor 1980 de les Vies Públiques de Barcelona. 1980.
(2)Profesor Bacterio. «Els noms de l’Eixample I – El gènesi». En: Pladebarcelona (18/02/2015).
url: http://pladebarcelona.cat/2015/02/18/els-noms-de-leixample-i/
(3)Profesor Bacterio. «Els noms de l’Eixample II – Sant Martí i el cànon balaguerià». En: Pladebarcelona (23/02/2015).
url: http://pladebarcelona.cat/2015/02/23/els-noms-de-leixample-ii/
(4)Profesor Bacterio. «Els noms de l’Eixample III – Més pà que formatge». En: Pladebarcelona (26/02/2015).
url: http://pladebarcelona.cat/2015/02/26/els-noms-de-leixample-iii/
(5)Profesor Bacterio. «Els noms de l’Eixample IV – Repúbliques, Revolucions, Dictadures i molts tecnòcrates». En: Pladebarcelona (22/03/2015).
url: http://pladebarcelona.cat/2015/03/22/els-noms-de-leixample-iv/
(6)Jorge Carrión. Barcelona. Libro de los pasajes. Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2017.
(7)Ildefonso Cerdà. Teoría de la construcción de las ciudades. Cerdà y Barcelona. Madrid: Ministerio para las Administraciones Públicas y Ajuntament de Barcelona, 1991.
(8)Jaume Fabre y Josep M. Huertas. Carrers de Barcelona. Com han evolucionat els seus noms. Barcelona: Edhasa, 1982.
(9)Stéphane Michonneau. Barcelona: memòria i identitat. Monuments, commemoracions i mites. Barcelona: Eumo, 2002.
(10)Jesús Portavella i Isidoro. Diccionari nomenclàtor de les vies públiques de Barcelona. Ajuntament de Barcelona, 2010.
(11)Jesús Portavella. Diccionari nomenclàtor de les vies públiques de Barcelona 1996. Ajuntament de Barcelona, 1996.

Notas

1 Según Google Maps, un mínimo de seis kilómetros y medio al día, bastante más si me desviaba por cualquier causa, como acompañar a algún compañero o ir de compras. 
2 Mi padre, para educar mi sentido del dinero, quiso aportar la misma cantidad que había yo ahorrado, lo que redujo a la mitad los plazos. 
3 Aunque se puedan encontrar calles poco desarrolladas en 9, 10 y 11. 
4 Información válida a 20220411. 


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